La contra: La cultura

La última movida en “X» es considerar si “El Quijote” (por extensión los clásicos) es un truño o no. Esta lid carecería de sentido si no estuviéramos confundiendo la labor que debería ser prioritaria (aunque no única) de los centros escolares: la adquisición de cultura. ¿Se puede vivir sin leer el Lazarillo? Evidentemente. ¿Sin saber quién fue Sócrates, Felipe II, Aníbal o Escipión? También. Uno puede pretender que el futuro de nuestras próximas generaciones se base en trabajar, consumir y descansar y educarlos para ello. Pero claro, eso nos acerca más al pollino que tira del carrito que del ideal del ser humano. El románico, el gótico y el barroco dan de comer a unos pocos pero pueden ser fuente de placer de muchos. Todo ello se debe de poner delante de los hocicos de nuestros alumnos porque difícilmente tendrán acceso a su conocimiento (primero) y a su disfrute (después), sobre todo si consideramos a las clases menos favorecidas socioculturalmente; y eso ha de suceder en las escuelas a falta de otra opción mejor (desechados por principios tiktokers, influencers y demás digifauna). En todo caso, “La Celestina» no creo que le vaya a hacer mal a nadie; bastante menos que las chamanadas lsdenianas que introducen las pseudosectas que cada vez abundan más en educación y que se introducen en las aulas a base de cursillos de conga y pandereta o de “regalitos” a las personas indicadas. No es mal momento para abrir el melón de este debate. Un servidor de ustedes se posiciona en el banco de Quevedo, Cervantes y Homero.

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