Psicosocioanálisis del fenómeno de la violencia

Francisco Rodríguez

Introducción

 

La violencia es un fenómeno que ha acompañado al hombre desde su aparición en la faz de la tierra. La agresividad está inscrita en su aparato biológico como especie: la agresividad como mecanismo de defensa, como medio de supervivencia y como modo de adaptación.

Igualmente, los mamíferos superiores cuentan en su equipo biológico congénito con este rasgo estructural. No obstante, el único animal que hace la guerra y por tanto se entremata (se mata entre Sí masivamente,) es el hombre.

Pero confundir Violencia con agresividad significaría meter en un solo saco dos conceptos que, aunque similares tienen diferencias importantes.

La agresividad es un tipo de conducta esencialmente defensiva no destructiva.

El animal mata para vivir, en cambio el hombre puede y de hecho lo hace, vivir para matar, no solo animales sino también seres humanos también.

Pero habría que hacer una diferenciación entre violencia y agresividad porque es obvio que los dos conceptos no designan significados exactamente iguales.

 

La agresividad funciona como mecanismo de adaptación y supervivencia, en cambio la violencia está orientada básicamente a la destrucción del Otro; vale decir, que es una agresividad maligna, pulsión tanática de acuerdo a Freud en su segunda tópica.

Al respecto, Fromm  (1975, p.15) dice: …»llamo destructividad y crueldad a la propensión específicamente humana a destruir y al ansia de poder absoluto» que se inicia con los procesos civilizatorios que conducen a la instalación de dispositivos de poder y dominación y por tanto de muerte, en el centro mismo de las estructuras de las nuevas formas de organización social.

Al respecto podríamos plantearnos la siguiente interrogante:  es la violencia un patrón de comportamiento innato que habremos heredado de nuestros antepasados y   por lo tanto inscrito en la estructura de nuestro código genético?

¿Por tanto, el comportamiento violento, dado la naturaleza de conducta heredada y por tanto innata, condena al hombre a su repetición compulsiva?

En principio tendríamos que afirmar de acuerdo a los registros etnográficos realizados por múltiples antropólogos en diferentes grupos humanos que la violencia como patrón de comportamiento destructivo, no constituye una conducta innata, ni mucho menos anclada en la estructura genética a pesar de su amplia difusión y generalización.

 

Todas las investigaciones etnográficas llevadas a cabo en diferentes pueblos y épocas

históricas, revelan la no universalidad del Patrón violento de comportamiento. (Fromm, ob.cit. 1975).

Incluso, podríamos afirmar que existen pueblos que nunca han hecho la guerra, como por ejemplo los Piaroas en Venezuela.

Este es un pueblo cuyo único mecanismo de defensa es la Magia negra y esta práctica les permite a ellos defenderse de sus enemigos violentos.

Como cualquier aspecto del comportamiento humano también la conducta violenta responde al carácter de un patrón de comportamiento socialmente aprendido,

Diferentes formas de violencia social

En este sentido,  hoy tenemos que enfrentarnos con múltiples y terribles aspectos de la violencia social como es el caso del aumento de los homicidios y feminicidios en buena parte del hemisferio occidental y en todo el país en las últimas décadas del S.XX y comienzos del S. XXI.

En cualquier momento histórico hubo violencia en cualquiera sociedad, pero en esta época,  este fenómeno se ha transformado epidemiológicamente en endemia y este hecho específicamente, « Homicidios en aumento¨ es la expresión más patológica del triunfo del Tánatos (pulsión de muerte) sobre el Eros (pulsión de vida)»(1)

Por otra parte, la violencia ¨terrorista¨ y étnica cada vez invade más espacios  de la sociedad contemporánea tanto nacionales como internacionales.

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Estas categorías están cifradas en claves de las divinidades de la mitología griega porque alude a la alegoría que crea Freud al plantear una teoría de los instintos que termina definiendo como pulsiones o Trieb.

 

 

En el caso de la violencia ¨terrorista¨, ésta es  una epidemia que  invade cada vez más espacios  de la sociedad contemporánea tanto nacionales como internacionales convirtiéndose así en un fenómeno a nivel global porque es la respuesta de grupos minoritarios que consideran que no tienen otra manera de responder a los ataques de la civilización mayoritaria.

 

La globalización como proceso civilizatorio a nivel mundial también ha globalizado la violencia, tanto que hoy pudiéramos hablar de una ¨violencia del mundo¨ cómo pauta generalizada a nivel global.

 

Efectivamente como lo hemos señalado: «Pulsión de muerte y patología social» son dos fenómenos que marchan juntos y en muchas ocasiones van unidos al Eros o instinto de vida.

 

No obstante, pensamos que en el Inconsciente societario de nuestra civilización contemporánea, la lucha entre esos dos titanes, la pulsión de muerte y la pulsión de vida; hoy la está ganando el Tánatos o pulsión de muerte.

 

Sin embargo, la pasión de sobrevivencia se ha constituido en un freno a la  pulsión de  destrucción y de muerte.

 

Pero finalmente, tenemos que aceptar que la nuestra es, por diferentes razones una Civilización  tanatica (una Civilización orientada hacia la muerte )   que ha triunfado sobre la Civilización del amor y no me estoy  refiriendo exclusivamente al amor libidinal exclusivamente sino también, pero sobre todo al ´¨amor Agape¨´ o amor fraternal.

 

Es por ello que hemos dicho que nuestra civilización es necrófila porque fundamenta la vida en la competencia, la codicia y el individualismo egocéntrico, vale decir en la muerte, más que en la cooperación, la solidaridad y la espiritualidad.

 

En el contexto de los actuales cambios epocales situamos la emergencia de la violencia social como un fenómeno ya no extraordinario sino endémico estructural porque está

situado al interior mismo de las estructuras sociales y culturales de la civilización de la Modernidad-Posmodernidad.

La tribalización», (Maffesoli, 1990) como fenómeno que surge como emergente a causa de la evaporación y disolución de las instituciones sociales mediadoras entre el Individuo y la Sociedad:  asociaciones, grupos de pertenencia, primarios y secundarias, grupos de referencia: vale decir, sistemas de solidaridad propios de la Sociedad tradicional, se ha constituido en un proceso civilizatorio depredador.

 

Este es un fenómeno que adquiere actualmente características de fenómeno universal porque forma parte de una situación epocal que algunos han denominado como Posmodernidad. (2).

 

Venezuela no escapa a los cambios epocales que están transformando el modo como el individuo (fundamentalmente joven) establece vínculos y se integra hoy a grupos

 

 

2___________________

Sobre todo en los jóvenes por su extraordinaria sensibilidad ante los cambios.

 

Este hecho vincula al joven fuertemente con la violencia social porque actualmente ésta tiene un carácter claramente tribal; sobre todo con el surgimiento de las maras y «bandas delictivas».

 

La descomposición social que enfrenta la sociedad hoy producto de los procesos de Modernización y urbanización compulsiva, han comenzado a dar al traste con la cohesión e integración social que, aunque en forma muy precarias por lo menos sostenía a la sociedad tradicional.

 

Es por ello que hemos dicho que nuestra civilización es necrófila porque fundamenta la vida en la competencia, la codicia y el individualismo egocéntrico, vale decir en la muerte, más que en la cooperación, la solidaridad y la espiritualidad.

 

Origenes socio-estructurales de la violencia social

 

Como tal la violencia no es nueva en la especie humana, sobre todo la violencia que se ejerce en contra de otras personas y de sí mismo (violencia social); ésta existe desde el inicio mismo de las civilizaciones y grandes asentamientos humanos que se fundan con el advenimiento de la agricultura y el sedentarismo.

 

Desde ese mismo momento comienzan a producirse excedentes económicos y se generan incipientes procesos de acumulación de riqueza producto de la apropiación de esos excedentes por parte de algunos grupos que se diferencian del resto de la sociedad

 

En virtud de esto, se van produciendo procesos de división del trabajo, surgimiento de la propiedad privada y relaciones de explotación, y por lo tanto estructuras de poder y dominación y opresión.

 

En este sentido tenemos que diferenciar conceptualmente entre violencia y agresión.

 

Diferenciar entre agresión para la defensa y como una reacción ante una amenaza posible y probable o la agresión en función de la supervivencia individual o colectiva y por tanto adaptativa, biológica de la agresión maligna expresada en la destructividad, el sadismo, la crueldad y la tortura que constituye la violencia social.

De acuerdo a Santiago Genovés (1991) en la Declaración de Sevilla de 1986, por sí mismos los genes no determinan conductas específicas y por lo tanto no producen individuos que necesariamente estarían predispuestos a la violencia y por el otro lado afirma que son muy contados los casos en los cuales se producen luchas intra-especie entre grupos organizados de animales.

Sin embargo podemos decir que la violencia constituye más bien un patrón de conducta específica de la especie porque es ésta la única que se entre-mata (se mata entre sí), incluso entre los mamíferos, los cuales a excepción del «Homo Sapiens», no conocen la guerra.

La agresión benigna o defensiva , de acuerdo a este autor, es compartida por el hombre con el resto de los animales y está programada filogenéticamente para atacar o huir en situaciones en las cuales se ven amenazados sus intereses vitales.

En cambio la agresión maligna, crueldad y destructividad, es específica de la especie humana y por tanto no esta programada filogenéticamente, no es compartida con el resto de los mamíferos (Fromm, ibidem).

Luego, siguiendo con este orden de ideas podríamos afirmar que el tipo de comportamiento destructivo que llamamos violencia, es esencialmente un producto cultural que no se origina de la estructura genética, no es innato y tampoco es herencia de los antepasados homínidos y pre-homínidos.

En consecuencia, la violencia es un patrón aprendido de conducta que puede ser definido en su génesis básica a partir de los procesos y situaciones socio-existenciales e históricos que les ha tocado vivir a la humanidad, vale decir, «la memoria de la especie» y no la transmisión hereditaria de nuestros antepasados animales y prehistóricos.

 

La violencia social en Venezuela

En Venezuela, la violencia social actual es histórica y  pues nace en el momento mismo de la conquista y colonización. Luego este patrón de comportamiento violento que se origina en la colonia, continúa en la independencia y la república hasta llegar a la etapa de la democracia liberal.

En la segunda mitad del siglo XIX y comienzos del XX, la violencia tiene un carácter rural-caudillista, pero ya para la segunda fase de la democracia representativa que se inicia en década de los 70, la violencia como un fenómeno esencialmente urbano asume un estatuto social, no sólo en sus fines, sino también en sus formas de estructuración y organización.

Sostenemos que la violencia en Venezuela tiene particularidades propias de la conformación del país como una sociedad radicalmente mestiza, multiétnica y pluricultural, petrolera y con procesos históricos de modernización también muy particulares. El fenómeno sociológico conocido como el «Caracazo» es el más vivo ejemplo de esta afirmación.

El estatuto esencialmente social de la violencia cotidiana callejera en Venezuela toma distancia de un tipo de violencia de carácter étnico, político, religioso, racista, de clase; aunque pudiéramos encontrar cada uno de estos aspectos o todos juntos en las manifestaciones que ésta asume normalmente.

Pensamos que la violencia cotidiana tradicional asume más un carácter defensivo, de estrategias de sobrevivencia (no sólo material) y de realización de sentido social que de otro tipo de naturaleza.

La necesidad vivida como urgente de la gente de los estratos más bajos de la sociedad de acceder a la «cesta de valores-objetos -signos» que es presentada por el sistema social como derechos universales para todo el mundo, tiene la propiedad de convertir en ciudadano y por tanto «sujeto» capaz de ingresar en el torrente de la comunicación pública, a individuos anónimos pertenecientes a la masa amorfa e impersonal de la población.

La injuria social causada por una sociedad estructuralmente injusta y desequilibrada, y por tanto violenta, que genera amplias masas de desposeídos, es «lavada» simbólicamente con un acto violento también que se representa como un ejercicio de «sobrecompensación fálica»(a través de la afirmación violenta) por quien ya ha sido, o nacido castrado por ese tipo de estructuras sociales.

De acuerdo a los «relatos imaginarios» que habitan el Inconsciente societario de la gente de nuestra sociedad, sobre todo de los jóvenes, la única manera de existir y por tanto de ser reconocido socialmente y por el sí mismo luego, es apropiarse del «ideal de realización social» (autorrealización) que la sociedad de mercado propone.

Esto incluye no sólo la apropiación de objetos materiales sino y lo que es más importante, de acceder al poder que provee de status basado en la capacidad de hacerse temer y ser temido por los otros que sugiere socialmente como medio instrumental, la necesidad de matar y ser matado, a veces de una manera demasiado macabra.

Estamos hablando de un proyecto necrofílico propio de una sociedad necrófila que define a los arquetipos del violento, destructivo y fálico como los modelos de identificación a imitar por los jóvenes que rechazan los arquetipos y modelos de identificación tradicionales por anacrónicos y escasamente funcionales al proyecto de realización social en esos términos.

En el seno de esta atmósfera social se van articulando patrones de socialización patológico-delictivo-sociopáticos que compiten con los patrones de socialización normal.

En muchas ocasiones, los agentes de socialización más eficaces en el barrio y la urbanización no son ahora los padres, maestros y Otros significativos adultos, sino el jefe de la banda de la esquina, «el malandro», el Pran, «el azote de barrio», el consumidor-vendedor de drogas,etc.

Este contexto de teorizaciones, hipótesis y encuadres metódicos nos proporcionan una plataforma socio-epistémico para la construcción del objeto y su posterior abordaje analítico.

En el caso que nos ocupa, el tema de la violencia social, trataremos de indagar los orígenes, naturaleza, manifestaciones diversas y fenomenología en general, utilizando paradigmas del tipo Interaccionismo simbólico y Fenomenológico.

Conclusiones

La violencia social siempre ha existido en la humanidad desde que el Homo Sapiens se levantó del suelo para colocarse en forma vertical pero jamás en la historia de la humanidad habíamos visto niveles de incidencia  y prevalencia del fenómeno; sobre todo con respecto a la violencia en contra de los grupos  más vulnerables: mujeres, niños, ancianos, etc. De acuerdo al informe anual de la ONU-OMS del año 2024,  este fenómeno se distribuye por una parte del hemisferio occidental y Africa. De tal manera que podemos hablar de un fenómeno que cada vez adquiere rasgos de una patología global. En la lucha entre el Eros y el Tánatos, pareciera que la pulsión de muerte está llevando la delantera; no obstante, la Pulsión de vida, expresada e n la ¨Pasión de sobrevivencia¨ o pasión por la vida adquiere mayor fuerza y eso lo podemos comprobar en la proliferación de los múltiples organizaciones no gubernamentales por la defensa de los derechos humanos, de los derechos de la mujer, de las poblaciones minoritarias y de los derechos de niños y adolescentes. Esto significa que al lado del poder y la fuerza que mata y profana en un proceso de ¨Banalización de la violencia¨, surge la ¨Etica de la convivencia¨.

 

 

Referencias bibliográficas

Briceño-León, Roberto: Violencia urbana y salud pública en Latinoamérica: un marco sociológico explicativo en Cad. Saude Publica, Rio de Janeiro, Nov-Dic.2005

 

Fromm, E. `(1975) Anatomía de la destructividad humana. Edit. S. XXI, México.

 

Freud, S. Freud, Sigmund (1978). El malestar en la cultura. Madrid, Alianza editorial.

 

Maffesoli, M.(1990). El Tiempo de las tribus. 1990. Editorial Icaria, Barcelona, España.

Genovés, S., (1993). Expedición a la violencia. Edit. FCE., México.

 

Rodriguez, F. Rodríguez, Francisco. Violencia social: ¿Estilo de vida o estrategias de sobrevivencia?. Rev. Heterotopía, Año X, Nº 31, Caracas, Septiembre-Diciembre-2005.

 

Rodríguez, Francisco (2010 )Violencia en la pareja: manifestaciones concretas y factores asociados.  Revista Sociológica-14, Universidad de Castilla la Mancha, España.

 

OMS-ONU- Informe Mundial sobre violencia. OMS. Informe Mundial sobre la violencia y la salud, Washington, D.C.2002.

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